El primer paso, el más incierto

por Alejandro Romero. 8a promoción CME, Alimentos La Cumbre

El ser humano nació para ser creativo, para cambiar y modificar su entorno, y satisfacer sus necesidades. Al iniciar la vida adulta, la pregunta que llega a toda mente emprendedora comienza a estar latente en cada acción que realizamos, ¿Cómo puedo hacer para vender mi gran idea a los demás?

Muchos no tenemos la más mínima idea de lo que es un brief, una colorimetría para la publicidad, una estrategia de mercado o un grupo objetivo, entonces entran dudas de si mi emprendimiento va a funcionar. Muchas personas nos dicen que no podremos, que esa idea no llegará lejos y nuestros sueños tienden a desaparecer.

Pero existe una parte en nosotros que nos incita a seguir adelante, una voz interior más fuerte que la presión social, ese deseo insaciable de cambiar el mundo y nuestras vidas. Nos tachan de soñadores, de vivir en un mundo ideal y no ser realistas. Pero nuestro cuerpo y mente sigue adelante a pesar de todo.

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Con el pasar del tiempo nos damos cuenta que somos diferentes, que no nos conformamos con sobrevivir, que tal vez no nacimos para seguir las leyes sociales y que no nos adaptamos, pero esto lo pensamos porque así nos han dicho los prejuicios sociales, que salirse del marco social de lo aceptable es raro y que no podemos nadar contra la corriente.

Pero entonces, nuestra fuerza interior, empieza a exigirnos emprender. Pero emprender no solo es una idea, el concepto va más allá de una simple venta, de crear un producto o una loca idea que puede cambiar la dinámica social. Emprender es un estilo de vida, se debe tener entrenamiento, conocimiento, estrategia y sobre todo mucha disciplina para que la idea concebida logre aceptación ante nuestros posibles consumidores.

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En Guatemala, el emprendimiento no se ha desarrollado en su máximo potencial, pero la Municipalidad de Guatemala desarrolló un programa para emprendedores con potencial para crecer y llevar desarrollo al país. Este grupo de mentores, te contacta y te indican que debes pitchar para ellos. En esos momentos un frío intenso recorre el cuerpo y te preguntas, ¿qué es eso?

Pero no todo está perdido, ellos te dicen cómo hacerlo. Pero sin embargo los nervios son tu principal enemigo. Te dan el día, la hora y te solicitan ser puntual, porque eso dice mucho de tu persona y tu compromiso. En fin, te colocas frente a un jurado, a mi punto de vista amigable pero bastante profesional y exigente. Tu primera experiencia como emprendedor, sigue con una ronda de preguntas en donde cuestionan tu idea.

Entonces, ves a tú alrededor y todos están en la misma situación. Te comienzas a sentir en casa, en tu ambiente, ver a tanta gente como tú tratando de cambiar al mundo con su idea. Este es el paraíso, piensas.

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La emoción comienza a invadir tu mente, y quieres compartir con ellos tu idea, y le pides a tu Dios que te permita entrar al programa, que puede darte ese impulso esperado. Nadie dentro del salón te dice loco, soñador frustrado o raro. Todos somos iguales, y no puede existir sensación más placentera.

Llega el día que te informan de tu ingreso al programa, tu humor cambia, tus problemas se olvidan y solo piensas en tu futuro, como crecerás y al instante quieres que inicien las clases.
Llega el primer día, todos nos comenzamos a conocer, a platicar de nuestra ideas y entonces entra el maestro. Y te das cuenta que es igual de joven y dinámico. Y piensas, creo que esta es mi oportunidad de hacer algo grande. El futuro sonríe, inicia el camino que tanto habías esperado, tu idea empezará a dar frutos.

Te dan el material de trabajo, y sorpresa, no entiendes absolutamente nada el primer día. Todo parece tan complicado, nunca has definido a tu persona, tu salsa secreta y mucho menos un plan estratégico de ventas, aún así tienes muchas esperanzas de algún momento entender el lenguaje del profesor que en este momento habla en coreano o algo similar.

Pasan las sesiones y la guía del maestro se vuelve tan importante, que le preguntas todo, absolutamente todo. Escuchas las preguntas de tus compañeros, sus experiencias y te motivas cada vez más a seguir construyendo la idea, ese concepto loco que todos te dijeron que no iba a funcionar nunca y que mejor te dedicaras a seguir las reglas porque así está establecido. 

Al salir de las sesiones, piensas como puedes mejorar tu impacto, y comienzas a hablar con los demás de, grupo objetivo, la ventaja competitiva, tu segmento de mercado, el ciclo de vida del producto, ventas, costos, etc. Te sientes todo un empresario, un emprendedor, un visionario y una persona con un futuro tan prometedor como el mismo Steve Jobs.

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Tienes tantas ideas, tantas metas, tantos objetivos. Y al fin, tu primera venta llega, una sensación invade nuevamente tu cuerpo y la felicidad entra a tu vida, tus fuerzas comienzan a crecer y las ideas fluyen mejor.

Nuevamente, los días lunes se vuelven como un día religioso, donde asistes a Casa Municipal a aprender mucho más, cada día trae algo nuevo, nuevo aprendizaje, y ves a tus demás compañeros creciendo al mismo ritmo, no puede existir un sentimiento de orgullo más grande que este. Tu idea se vuelve una empresa, con ingresos, costos, clientes y todo gracias a la dirección de tus mentores. Pero no termina el camino, el maestro sigue insistiendo que debes mejorar, que debes buscar tu salsa secreta, que tu idea debe vender más, que debes trabajar mejor. El camino del emprendedor nunca finaliza, sigue en un círculo interminable, donde las nuevas ideas surgen, porque así somos los emprendedores, mentes diferentes inquietas que pueden cambiar al mundo.

Sin embargo, el Centro Municipal de Emprendimiento, o CME es tu alma mater, la casa donde te enseñaron a avanzar y sacar tu idea adelante. Esta experiencia se vuelve invaluable, no solo por las personas con las que compartes, sino por las ideas que surgen en ese coloquio de mentes brillantes capaces de cambiar una sociedad completa con esa pequeña idea, tan loca que cambio la percepción de nuestro alrededor.

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El camino es interminable, pero las métricas, la guía y la motivación fueron dadas en ese salón de clase no convencional, con una pecera, computadoras y un escritorio hecho con materiales no convencionales. Un lugar pintoresco donde nacen nuevas ideas, y se generan cambios importantes en la sociedad. Ese salón de clases, con un estilo muy lejano a lo tradicional, pero creativo que será parte de un recuerdo imborrable, invaluable e incomparable dentro de los emprendedores asistentes al curso.